En la foto que precede, los dos pares de pies que asoman delatores, por debajo de las toallas, pertenecen a Cristina y a Violetta. Estas niñas de 16 y 14 años se estaban bañando, en la playa napolitana Torregaveta, cuando se ahogaron. Gracias a la reconocida efectividad de los servicios públicos napolitanos, los cadáveres rescatados del agua, pasaron horas enfriándose sobre la arena. Eso si, tapados con unas toallas playeras, gracias a la generosidad de algún veraneante. Todavía no se ha determinado porque los cuerpos, sin vida, reposaron horas a la intemperie. La policía, en su celo profesional por cumplir las órdenes de Don Silvio, se apresuró a llevarse a la comisaría a las otras niñas que se bañaban con las difuntas; Diana, hermana de aquellas, de 9 años y Manuela, prima de 16. ¿Por qué? Me imagino que para tomarles las huellas digitales y es que las niñas pertenecen todas a la etnia gitana siendo, además, descendientes de rumanos.
Que alguien se ahogue en una playa es una escena que, lamentablemente, se repite en cualquier litoral del mundo. Y no, por ello, deja de amargarle el día (y la noche) al más pintado. Sin embargo, la foto es demoledora mostrando la indolencia de los vecinos de arena. Una pareja cercana disfruta inmutable del panorama dantesco. Por más que le he dado vueltas, durante la última semana, no logro imaginarme que pueden estar pensando esos señores que llenan el fondo de la foto. Tampoco puedo precisar si ven los féretros o lo que está detrás de ellos por ser más patético. De acuerdo con las noticias y otras fotos, la playa siguió con su rutina; unos bebiendo, otros comiendo y la mayoría simplemente despatarrados al sol, ignorando el drama.
Cuando todavía la noticia no había dejado de serlo (y no será porque los Medios al servicio ¿de? no se han apurado en silenciar el eco, Italia vuelve a ser noticia: “en un parque de atracciones de Milán, norte de Italia. Con sólo un euro, la persona tiene la posibilidad de ver como un muñeco de látex es ejecutado en una silla eléctrica” Lo más lamentable no es que alguien quiera ganar dinero pasándose por el forro los más básicos valores de decencia; después de todo, es lo mismo que hacen esas compañías denominadas “globales”. Lo que me impide cerrar la boca de espanto es enterarme del éxito que ha tenido la atracción que se ha amortizado en un “plis-plas". Pero peor aún, no solo NADIE, ni siquiera los padres, se han quejado sino que "todos están como locos con ella y cada día la maquina recauda 50 euros y los domingos llega a los 150"… Y eso que no pidió el muñeco caracterizado de gitano rumano porque entonces la cola hubiera sido más larga que para ver a Ronaldhino vestido de "rosonero".
Hace unos días Don Silvio declaraba: "Ya no hay basuras por las calles". Tiene razón “Il Cavaliere”; y es que ahora el estiércol está, o bien dorándose al sol en las playas napolitanas, o bien haciendo la cola en el parque de atracciones de Milán, y siempre con la misma finalidad: disfrutando de la muerte.
Que alguien se ahogue en una playa es una escena que, lamentablemente, se repite en cualquier litoral del mundo. Y no, por ello, deja de amargarle el día (y la noche) al más pintado. Sin embargo, la foto es demoledora mostrando la indolencia de los vecinos de arena. Una pareja cercana disfruta inmutable del panorama dantesco. Por más que le he dado vueltas, durante la última semana, no logro imaginarme que pueden estar pensando esos señores que llenan el fondo de la foto. Tampoco puedo precisar si ven los féretros o lo que está detrás de ellos por ser más patético. De acuerdo con las noticias y otras fotos, la playa siguió con su rutina; unos bebiendo, otros comiendo y la mayoría simplemente despatarrados al sol, ignorando el drama.
Cuando todavía la noticia no había dejado de serlo (y no será porque los Medios al servicio ¿de? no se han apurado en silenciar el eco, Italia vuelve a ser noticia: “en un parque de atracciones de Milán, norte de Italia. Con sólo un euro, la persona tiene la posibilidad de ver como un muñeco de látex es ejecutado en una silla eléctrica” Lo más lamentable no es que alguien quiera ganar dinero pasándose por el forro los más básicos valores de decencia; después de todo, es lo mismo que hacen esas compañías denominadas “globales”. Lo que me impide cerrar la boca de espanto es enterarme del éxito que ha tenido la atracción que se ha amortizado en un “plis-plas". Pero peor aún, no solo NADIE, ni siquiera los padres, se han quejado sino que "todos están como locos con ella y cada día la maquina recauda 50 euros y los domingos llega a los 150"… Y eso que no pidió el muñeco caracterizado de gitano rumano porque entonces la cola hubiera sido más larga que para ver a Ronaldhino vestido de "rosonero".
Hace unos días Don Silvio declaraba: "Ya no hay basuras por las calles". Tiene razón “Il Cavaliere”; y es que ahora el estiércol está, o bien dorándose al sol en las playas napolitanas, o bien haciendo la cola en el parque de atracciones de Milán, y siempre con la misma finalidad: disfrutando de la muerte.
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