martes, 29 de julio de 2008

Italia ... quella vergogna!

En la foto que precede, los dos pares de pies que asoman delatores, por debajo de las toallas, pertenecen a Cristina y a Violetta. Estas niñas de 16 y 14 años se estaban bañando, en la playa napolitana Torregaveta, cuando se ahogaron. Gracias a la reconocida efectividad de los servicios públicos napolitanos, los cadáveres rescatados del agua, pasaron horas enfriándose sobre la arena. Eso si, tapados con unas toallas playeras, gracias a la generosidad de algún veraneante. Todavía no se ha determinado porque los cuerpos, sin vida, reposaron horas a la intemperie. La policía, en su celo profesional por cumplir las órdenes de Don Silvio, se apresuró a llevarse a la comisaría a las otras niñas que se bañaban con las difuntas; Diana, hermana de aquellas, de 9 años y Manuela, prima de 16. ¿Por qué? Me imagino que para tomarles las huellas digitales y es que las niñas pertenecen todas a la etnia gitana siendo, además, descendientes de rumanos.
Que alguien se ahogue en una playa es una escena que, lamentablemente, se repite en cualquier litoral del mundo. Y no, por ello, deja de amargarle el día (y la noche) al más pintado. Sin embargo, la foto es demoledora mostrando la indolencia de los vecinos de arena. Una pareja cercana disfruta inmutable del panorama dantesco. Por más que le he dado vueltas, durante la última semana, no logro imaginarme que pueden estar pensando esos señores que llenan el fondo de la foto. Tampoco puedo precisar si ven los féretros o lo que está detrás de ellos por ser más patético. De acuerdo con las noticias y otras fotos, la playa siguió con su rutina; unos bebiendo, otros comiendo y la mayoría simplemente despatarrados al sol, ignorando el drama.
Cuando todavía la noticia no había dejado de serlo (y no será porque los Medios al servicio ¿de? no se han apurado en silenciar el eco, Italia vuelve a ser noticia: “en un parque de atracciones de Milán, norte de Italia. Con sólo un euro, la persona tiene la posibilidad de ver como un muñeco de látex es ejecutado en una silla eléctrica” Lo más lamentable no es que alguien quiera ganar dinero pasándose por el forro los más básicos valores de decencia; después de todo, es lo mismo que hacen esas compañías denominadas “globales”. Lo que me impide cerrar la boca de espanto es enterarme del éxito que ha tenido la atracción que se ha amortizado en un “plis-plas". Pero peor aún, no solo NADIE, ni siquiera los padres, se han quejado sino que "todos están como locos con ella y cada día la maquina recauda 50 euros y los domingos llega a los 150"… Y eso que no pidió el muñeco caracterizado de gitano rumano porque entonces la cola hubiera sido más larga que para ver a Ronaldhino vestido de "rosonero".
Hace unos días Don Silvio declaraba: "Ya no hay basuras por las calles". Tiene razón “Il Cavaliere”; y es que ahora el estiércol está, o bien dorándose al sol en las playas napolitanas, o bien haciendo la cola en el parque de atracciones de Milán, y siempre con la misma finalidad: disfrutando de la muerte.
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martes, 15 de julio de 2008

La Grande Bouffe


¿Quien paga los viajes, los hoteles y lo que comen esos magníficos vividores que dicen ser los dirigentes del mundo? Hace unos días se reunieron los integrantes del G-8 que, visto lo visto y las promesas incumplidas, debería llamarse el PIN-8; porque hay que tener cara para seguir ofreciendo, cuando no han cumplido NINGUNA de las promesas anteriores. Eso si, hay que reconocer que se superan año tras año porque después de mostrarse profundamente preocupados por el hambre que asola el planeta, especialmente África, se metieron entre pecho y espalda una opípara cena que tuvieron a bien titular como “Cena delicias de la tierra y el mar”. También es verdad que antes de partir con sus respectivas parejas a atragantarse de exquisiteces, en el magnífico Hotel Windsor, tuvieron a bien despedir primero a sus invitados de tan dramática reunión: los líderes de Etiopía, Tanzania y Senegal. Y es que no vaya a ser que tanta ingesta les ocasione una imparable colitis o lo que sería peor; que estos mozalbetes africanos descubrieran extraordinarios sabores tan ajenos a su limitado paladar. Aunque bien es cierto, que no será por falta de recursos porque las comisiones que corrompen a los dirigentes africanos, son tan suculentas que cualquiera de los receptores podría pagar la cena entera, con mobiliario incluido. Después de leer el menú me asaltaron unas dudas. Si Busch es abstemio ¿Con que acompañó el “salmón ahumado y erizo de mar”? ¿Con Gaterode de limón? Y como Sarko también rechaza el alcohol, ¿Con que mojaba sus papilas gustativas mientras digería la “Ternera shabu-shabu”? ¿Sería con una Cero, Cero?
Pero mientras estos afortunados comían plato tras plato durante dos horas, los “854 MILLONES DE PERSONAS que pasan hambre crónica en el mundo, según el informe publicado por Intermón Oxfam”, no eran ni siquiera noticia. Tampoco los hijos de estos privilegiados están incluidos en los “178 MILLONES DE NIÑOS que sufren de hambre crónica, según el Banco Mundial”. Lo que si han hecho es recortar y prolongar los plazos de las hipotéticas ayudas porque, claro está, en sus prioridades no están “los nuevos 50 MILLONES DE POBRES que engordaron las estadísticas en 2007”. Mientras tanto, “LOS ALIMENTOS BÁSICOS HAN AUMENTADO DE PRECIO UN 52% durante 2007 y 2008, según la FAO”. Pero es que lo primero es lo primero, sobre todo cuando hay que “ayudar financieramente a los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac”; porque como dice Paul Krugman en The New York Times: “los beneficios son privados pero las pérdidas son públicas”.
Lo que no se debe perder de vista es que estos señores que dirigen nuestros destinos solo se sostienen gracias a los electores porque como dice Javier Marías, es “con nuestros votos imbéciles”.


***NOTA*** La Grande Bouffe es una película de 1973 dirigida por Marco Ferreri. En ella Cuatro amigos, Marcello, el piloto de línea, Ugo, el restaurador, Michel, el realizador de televisión y Philippe, el juez que vive con su ama de llaves, se reúnen un fin de semana en la villa señorial de éste último para realizar un suicidio gastronómico colectivo, que consiste en comer sin parar diversas especialidades.
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