
A pesar de que se conoce como el Robo del siglo (20) al asalto al Tren de Glasgow, sucedido el 8 de agosto de 1963, de donde unos ladrones se llevaron 2,6 millones de £ibras esterlinas, el verdadero atraco, no del siglo, sino del milenio, sucedió 20 años más tarde. El 26 de noviembre de 1983, seis cacos se introdujeron en los depósitos de Brinks Mat, en el aeropuerto londinense de Heathrow, de donde preveían llevarse 3 millones de £ibras esterlinas en efectivo. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando ya dentro, descubrieron que allí se apilaban tres toneladas de lingotes de oro. Resultado, el nuevo record pasó a ser de 26 millones de £ibras esterlinas. El oro que nunca recuperado, fue fundido y revendido, lo que ha hecho correr la leyenda de que toda la joyería de oro, vendida en Inglaterra después de 1983, contiene parte del botín de Brinks Mat.
Hace unos meses estalló la famosa Crisis Financiera (o Robo del siglo 21) que ha llevado al mundo al borde del colapso económico y a algún país a la ruina técnica. Y todo gracias a que unos banqueros decidieron incluir dentro de sus productos unos regalos sorpresa, cual Roscón de Reyes, conocidos como “hipotecas basura”. Desde entonces la desconfianza es total y los bancos siguen con las ventanillas del crédito cerradas. Para intentar contrarrestar esta desconfianza global, los gobiernos de los países poderosos se han volcado a repartir dinero en cantidades astronómicas. Solamente en los USA, “
la Reserva Federal, el Tesoro, El Congreso y el Fondo de garantía han comprometido más de 7,5 billones de dólares; 1,7 billones con el gobierno actuando como prestamista, 2,8 billones como inversor y 3,1 como avalista ”.
En ambos Robos el botín nunca apareció. Y mientras, en Inglaterra, algunos ciudadanos poseen joyas que contienen algún rastro de aquellos lingotes, los delincuentes pasaron por prisión. En USA, no solo ninguno de los atracadores ha sido capturado sino que la mayoría fue despedido con una
grosera compensación conocida como “paracaidas dorado”. Mientras tanto, cada uno de los ciudadanos estadounidenses también tiene constancia del desvalijo del siglo actual; en lugar de oro en alguna de sus joyas, ahora son propietarios de un saldo a pagar de 24 mil dólares por cabeza, niños incluido. Y en este caso, las instituciones financieras, ni siquiera han tenido la decencia de enviárselo en forma de extracto de cuenta detallado y, claro, así no hay quien recupere la confianza.