Hugo que bueno que has vuelto y es que últimamente estabas tan discreto que no te reconocía. Yo que tanto te he admirado desde aquel 5 de febrero de 1992 cuando, sin pestañear, mirando a la cámara, dijiste en tu primera aparición televisiva en “prime time” aquello de “por ahora”. A partir de ese momento me hice un “hooligan” tuyo que hasta a mi hijo menor lo disfracé de comandante para envidia de mis amigos ¡qué Carnavales, Hugo, qué carnavales aquellos! Cuando te amnistió Caldera, con la disculpa de que teníamos casa nueva, hice una cena en tu honor. Y ya, cuando te presentaste a las elecciones puse una foto tuya en la puerta de casa para que todo el mundo te reverenciara al entrar. Hugo, ¡Que éxito! La gente entraba “descojonada” y las veladas eran un júbilo incontrolado, entre copa y copa. Después cuando cambiaste el nombre del país ya fue lo máximo. ¿Por qué ponte a pensar? ¿Cuántos presidentes le cambian el nombre al país? Pocos y normalmente, solo se atreven los africanos. Pero tu no; tu le pusiste un par y dejaste a mas de 20 millones de compatriotas indocumentados. Un día descubriste que el escudo tenía el caballo mirando para la derecha ¿O la izquierda? Y tu raudo y veloz, lo volteaste porque, al igual que Mariah Carey, el caballo también tiene su lado bueno y, llegada cierta edad, es mejor preservarlo. Y para terminar ese “Aló presidente” que no me pierdo por nada del mundo. Esas andanadas tuyas contra todo lo que se mueva y por poderoso que sea. Que si Bush, demonio al canto. Que si Aznar, fascista y se acabó. Que si el rey de España, que nacionalizas las empresas españolas. Que si Fox, el cachorro del imperio. Que si Uribe, mentiroso. Que si Alán García, ladrón. Y para demostrar que ni una dama te detiene, a la señora Merkel, nazi y punto en boca. Y así podría seguir hasta el infinito. Y es que un hombre es un hombre aunque sea presidente, ¡faltaría más!En la película de “EL Ilusionista”, el protagonista se asoma a un balcón y le dice a la muchedumbre que ya lo creía el nuevo mesías que nada de lo que veían era cierto porque todo era producto de la ilusión. En esta Venezuela de hoy, con una cesta petrolera a 112,27 dólares el barril, todavía hay que llevar las medicinas al hospital, te siguen matando por un par de zapatos y la pobreza sigue sin poder evitarse. Para colmo de males, no importa que Chávez financie y de cobijo a las FARC porque ni siquiera ese dinero sirve para evitar que la banda deje de secuestrar a hacendados venezolanos que tienen que pagar fortunas para salvar su pellejo y terminan por abandonar sus tierras castigando la agricultura y la ganadería nacional.
Nunca Venezuela había tenido unos ingresos tan suculentos en su historia. En la vida Venezuela había aglutinado una generación mejor preparada –y aunque la mayoría haya emigrado está “loquita por volver”-. Ninguna vez un gobernante había reunido tanto apoyo popular. Jamás un gobierno venezolano había disfrutado de una oposición tan mediocre. Sin embargo, a pesar de tantas facilidades, el resultado es tan lamentable como cuando pides renovar el pasaporte: la cita es para dentro de un año. Si, si, 365 días y juro que no es una ilusión.

