martes, 19 de junio de 2007

¿Demolición controlada?

Antes del inolvidable 11 de septiembre de 2001 el mundo era “lo que era”, con sus problemas, sus dificultades, sus conflictos y, evidentemente, con sus mercaderes globales dirigiendo el avenir. En general, el planeta no era un paraíso pero tampoco se vivía un infierno, aunque quizás ya se había asomado al tobogán del fracaso. Y entonces “PUM”, dos aviones, tres edificios gigantescos destruidos, 19 terroristas y 2.973 muertos, además de 24 desaparecidos dieron pie para que un presidente mal electo, se inventase la “guerra contra el terrorismo”. Invadió Afganistán con la ONU, Irak ilegalmente, el Líbano vía Israel y se cepilló a Yasser Arafaf. Transcurrido el tiempo el resultado es sencillamente desolador. Afganistán ha vuelto a la época de las cavernas, con atentados diarios. Irak es un campo de entrenamiento para toda clase de terroristas, con atentados diarios. El Líbano hay que reconstruirlo si una nueva guerra no lo impide y Palestina estrena caos prebélico. El planeta está hecho jirones y apetece, como diría Mafalda “por favor paren el mundo que me quiero bajar”.
En 1897 Estados Unidos le hizo varias ofertas a España para comprarle las islas de Cuba y Puerto Rico. Y es que cuando se trata de comprar, los estadounidenses siempre han llevado la delantera. Que el propietario no estaba interesado, pues le mandaban una fragata para convencerlo. ¡Eran otros tiempos! Efectivamente, el 25 de enero de 1898, el acorazado de la Armada de los EEUU, el Maine atracó en la Habana sin previo aviso. Los españoles a pesar de la afrenta, guardaron las formas y, decidieron dar a los mandos una fiesta en su honor. Después de los preparativos de rigor, el 15 de febrero se llevó a cabo la recepción que, sospechosamente, coincidió con una explosión en la proa del Maine y que hundió el barco inmediatamente, muriendo 266 marinos. Al día siguiente (y eso que no había ni e-mail ni móviles) la prensa de William Randolph Hearst apuntó su índice acusador a un “artefacto explosivo colocado por los españoles”. Resultado; la Guerra de Cuba. Y es que si al Imperio, no le vendes por las buenas, se lo apropia por las que sea. Al final, 100 años después, el mundo se enteró que la explosión la ocasionaron los estadounidenses para justificar la Guerra que les daría Cuba y Puerto Rico en propiedad.
El 7 de diciembre de 1941 fue atacada, por los japoneses, la base americana de Pearl Harbor en el Pacífico. 2.403 muertos y 1.178 heridos. 188 aviones, 5 fragatas y 3 destructores fueron destruidos o seriamente dañados. El presidente Roosevelt, aparentemente, sabía de la inminencia del ataque (1) pero no hizo nada por detenerlo. Algunos van más lejos y han señalado que USA no solo no hizo nada por impedirlo sino que incluso lo estimuló. Posteriormente, se ha confirmado que los servicios secretos de Inglaterra y EEUU estaban al tanto del proyecto japonés. Resultado; al día siguiente y sin más dilación, Franklin Delano Roosevelt declaró la Guerra al Japón y EEUU pudo confirmar que sus bombas atómicas venían sin defecto de fábrica.
EL negocio de la guerra es cada día más apetecible. No solo las ventas de armas, municiones, vehículos, etc, ahora se han añadido las compañías proveedores de servicios de guerra como Halliburton, la mayor beneficiaria de las guerras de Afganistán e Irak y cuyo mayor accionista es el vicepresidente de USA, Dick Cheney. O las compañías de seguridad como la estadounidense Blackwater (3) que ya ha firmado contratos por 750 millones de dólares o la británica AmorGroup (4) que empezó en Irak con 20 empleados y unos 4x4 y actualmente dispone de 1.200 efectivos y 240 camiones de combate. En total, solo el presupuesto militar USA para las compañías de seguridad, como las mencionadas, es de 1,5 billones de dólares. Dicho esto, con los antecedentes señalados y viendo los sinvergüenzas que están hoy en día instalados en la Casa Blanca, no es difícil sospechar que las caídas, casi perfectas, de las torres gemelas y el edificio WTC7 hayan sido producto de una “demolición controlada” como ha señalado el profesor Steven Jones de la Universidad estadounidense de Brigham Young University (2) en su trabajo censurado
¿Por qué se derrumbaron realmente los edificios del WTC? A lo mejor hay que esperar otros 100 años para saber la verdad pero, mientras tanto, los “señores de la guerra” siguen inflando sus bolsillos obscenamente gracias a guerras de diseño.

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